Por Andrés Agüero
En estos días de rumores de vacancia presidencial o cierre del Congreso, de gente de izquierdas o derechas, escuché en un bar una discusión airada entre dos jóvenes que confrontaban sus ideas políticas dando gritos. Uno decía que no era un privilegiado porque todo lo que él y su familia habían obtenido era debido a su esfuerzo y que nadie les había regalado nada. El otro vociferaba, en un tono similar al del primero, que, si no hubiera nacido en una ciudad ni tenido acceso a una educación privilegiada, otra habría sido su historia y que por eso era necesario que el Estado se hiciera fuerte y distribuyera mejor los recursos entre los más pobres. Por supuesto, la discusión continuó y terminó de manera poco afortunada.
Ahora bien, estas posturas son contradictorias solo en apariencia, si las analizamos con detenimiento podríamos
darnos cuenta de que se complementan. Porque sería necio negar que existen personas que han logrado mejores
posiciones en la vida (sean económicas, culturales, artísticas u otras) debido
a su esfuerzo, que no recibieron apoyo estatal ni privado, tuvieron que transitar
por un camino muy difícil, y debido a su energía y trabajo arduo lograron aquello que los hace sentir orgullosos de manera merecida. Por otra parte, también existen aquellos que,
a pesar de tener recursos limitados o abundantes, no se esforzaron para mejorar
su situación y por ello en la actualidad se encuentran desfavorecidos.
Un ejemplo que me gusta citar de
lo que planteo es el de Vargas Llosa (que a veces me desconcierta con
sus posiciones ideológicas). Este escritor no partió de las peores condiciones en
las que pueda vivir una persona, tuvo algunas ventajas en su niñez, aunque
también padeció a un padre brutal que lo maltrataba física y
psicológicamente. Pero la cuestión es
que sus logros no se han debido únicamente a sus condiciones, sino
principalmente a su esfuerzo. En
contraste, muchos de la misma clase, que tuvieron similares condiciones no
lograron aportes o incluso se convirtieron en cargas para
sus familias.
Sin embargo, es tan necio sostener que Vargas Llosa ganó el Nobel porque era de clase media, como afirmar que el contexto en el que nació no influyó en nada para la obtención de sus logros. Por supuesto que nacer en medio de una familia materna que lo protegió y lo quiso infinitamente fue determinante para convertirse en el escritor que es.
Los contextos en los que venimos al mundo, sea el país, la ciudad o el campo, la lengua que hablamos, la educación que recibieron nuestros abuelos y padres sí influyen en nuestro destino, y cuando son extremos suelen ser determinantes. Por eso, un estudio de la OCDE calcula que en latinoamérica para que un niño salga de la pobreza deberán pasar por lo menos seis generaciones (este dato ha sido publicado el 06/12/2018 en Gestión que no puede ser acusado de diario comunista). Quizá ese dato esa sea la razón por la cual una persona que nace en una familia numerosa en el mundo rural o en zonas vulnerables en las grandes ciudades, sin acceso a la tecnología, tiene muchas menos probabilidades de desarrollo y se verá obligado a esperar que sean sus nietos los que empiecen a dejar de ser pobres. Por supuesto, existen ejemplos extraordinarios de superación (el gran historiador Julio C. Tello), pero una excepción es solo eso, un caso aislado que rara vez ocurre. La concepción de la realidad social no debe construirse sobre la base de excepciones, sino de las generalidades, porque solo de esa manera podemos comprenderla mejor y realizar esfuerzos para transformarla.
Considero que es válido sentirse orgulloso
de haber logrado una determinada posición por nuestro esfuerzo personal y talento,
pero no hay que olvidar que las condiciones en las que nacemos son, en relación
con las mayorías, muchas veces una ventaja.
Sí, aunque parezca absurdo, vivir en una ciudad en la que tienes que
perder cuatro horas en la congestión, estar paranoico porque te pueden robar,
donde no hay suficientes parques para que los pequeños puedan jugar y
conocerse, los colegios y los hospitales no tienen condiciones mínimas, y
la corrupción va desde el estudiante de colegio que dice que no hizo su tarea
porque no tenía internet y miente, hasta el político que te engaña para robar,
todo esto que parece un infierno, sería para muchos una gran ventaja (aunque no
debiera serlo).
Así que cuando alguien te diga
que eres un privilegiado, piensa en todo aquello que has recibido solo por el
hecho de nacer donde lo has hecho y poder leer o tener agua en el baño, y no te
sientas ofendido. Porque haber tenido privilegios no implica, de ninguna
manera, que no te estés esforzando intensamente por ser mejor. Todo lo que has obtenido y obtendrás tendrá
siempre un aporte del privilegio que recibiste, pero también mucho de tu
esfuerzo.
Quizá esta reflexión nos ayude a cuestionar
esa idea absurda de que los pobres son pobres porque quieren, y la otra de que
todo es culpa del gobierno que no hace bien las cosas. Solo mejoraremos cuando aprovechemos nuestros
“privilegios” y le pongamos mucho esfuerzo encima. El mundo como está es muy difícil y absurdo (kafkiano
dirían mis colegas profesores), por eso quizá la única salida sea la lucha ética
y ardua contra todas las adversidades.
Imagen tomada de https://nuevocronica.es/la-evolucion-del-esfuerzo-46696
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